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Construcción del Canal de Panamá (1904-1914)

hace 2 horas · Actualizado hace 3 días

Theodore Roosevelt a los mandos de una pala de vapor durante su visita a las obras del Canal

A comienzos del siglo XX, abrir un canal entre dos océanos era una idea que ya había fracasado una vez. Los franceses lo intentaron y lo dejaron; los estadounidenses lo retomaron y lo terminaron en diez años. Esa segunda etapa, entre 1904 y 1914, es la que dio forma al Canal que hoy cruza el país, y su historia mezcla ingeniería, medicina, política y mucho sufrimiento humano.

Theodore Roosevelt a los mandos de una pala de vapor durante su visita a las obras del Canal
Foto: Library of Congress, dominio público (Wikimedia Commons)
Índice

Un comienzo difícil

Cuando los nuevos constructores llegaron, encontraron un escenario desordenado: maquinaria oxidada, campamentos en ruinas y un territorio donde las enfermedades habían matado a miles de personas. Antes de pensar en excavar había que resolver lo básico, como dónde alojar a los trabajadores, cómo alimentarlos y cómo evitar que enfermaran. Los primeros meses fueron de organización más que de obra, y hubo cambios de mando que hicieron perder tiempo. La experiencia anterior, que se resume en el artículo sobre el proyecto francés, dejó lecciones que se aprovecharon.

Uno de los pasos más importantes fue la campaña de salud pública dirigida por el médico William Gorgas. Con drenajes, fumigación y control del agua estancada, se redujo de manera drástica la presencia del mosquito que transmitía la fiebre amarilla y la malaria. Sin esa labor, la obra no habría sido posible.

La decisión de hacer esclusas

Otra elección clave fue el tipo de canal. Los franceses habían querido uno a nivel del mar, pero el río Chagres, con sus crecidas, y la dureza de la montaña lo hacían casi inviable. El ingeniero John Stevens defendió un canal con esclusas, que elevaría los barcos a un lago artificial y los volvería a bajar al otro lado. La propuesta se impuso, y con ella nació el lago Gatún, formado al represar el río Chagres.

Stevens organizó además el ferrocarril que movió la tierra excavada, y dejó el sistema logístico listo para la etapa de mayor trabajo. Poco después, el mando pasó al ingeniero militar George W. Goethals, que dirigió la obra hasta el final.

Obreros trabajando en el corte Culebra durante los primeros años de la construcción
Foto: autor desconocido, dominio público (Wikimedia Commons)

El corte Culebra, la batalla más dura

La parte más difícil fue atravesar la montaña en el corte Culebra, con tierra inestable que se deslizaba cada vez que llovía. Cientos de trabajadores perforaban, cargaban dinamita y sacaban los escombros con palas de vapor que cargaban trenes enteros. Los deslizamientos obligaron a ensanchar el corte varias veces, y a veces lo que se había excavado en una semana se perdía en un día.

En el fondo del corte, en los últimos meses de excavación, se encontraron dos palas que avanzaban desde lados opuestos. Fue un momento simbólico, porque marcó la unión de los dos extremos de una trinchera que parecía interminable. La imagen se repitió en muchas fotografías de la época y se volvió un emblema de la obra.

Esclusas y presa

Mientras se excavaba, se levantaban las esclusas de Gatún, Pedro Miguel y Miraflores. Eran estructuras de hormigón gigantes, con compuertas de acero que todavía siguen en uso. La presa de Gatún, hecha con tierra y roca, cerró el río Chagres y creó el lago que sirve de ruta principal. Para el desagüe de las crecidas se construyó un vertedero con compuertas, una obra tan importante como las esclusas mismas.

El vertedero de la presa de Gatún con cuatro compuertas descargando agua
Foto: autor desconocido, CC0 (Wikimedia Commons)

Las esclusas de Miraflores, las que están más cerca de la ciudad de Panamá, son hoy las más visitadas, y permiten comprobar en persona la escala de aquel trabajo.

Los trabajadores

La obra no habría avanzado sin una enorme fuerza laboral. Llegaron personas de muchos países, sobre todo de las islas del Caribe, y también de Europa y de otras partes de América. Trabajaban en condiciones duras, con jornadas largas, calor, lluvias y riesgos constantes de accidente. Hubo distintos grados de salario y de trato según el origen del trabajador, y esa desigualdad dejó marcas profundas en la sociedad panameña. Miles murieron durante la construcción, y su memoria sigue presente en barrios, apellidos y tradiciones de hoy.

La vida en los campamentos

Más allá de las máquinas, la obra fue una historia de gente. Los trabajadores vivían en campamentos y pueblos levantados a lo largo de la ruta, con comedores, hospitales, iglesias y clubes. Los edificios se organizaban según el cargo y el origen de cada persona, y esa separación cotidiana se volvió una de las características más duras del sistema. Un obrero del Caribe, un técnico estadounidense y un campesino panameño podían cruzarse en el mismo tramo de obra y vivir en mundos distintos.

Aun así, de esos campamentos salió una cultura propia. Se mezclaron idiomas, comidas, músicas y costumbres religiosas, y muchas de esas influencias siguen presentes en Colón, en la ciudad de Panamá y en los barrios que crecieron junto a la vía. Entender el Canal también es entender a quienes lo hicieron posible, con sus oficios, sus familias y sus tradiciones.

Durante los años de mayor actividad, el movimiento era constante: trenes cargados de tierra que salían del corte, barcos que traían cemento y acero, grupos de obreros que se turnaban día y noche. Las cifras de personal y de material variaron mucho de un año a otro, y por eso las fuentes difieren, pero todas coinciden en que fue una de las movilizaciones de personas y de maquinaria más grandes de su época.

La inauguración

El Canal se abrió al tráfico en agosto de 1914, cuando el vapor Ancon realizó el primer tránsito completo. El estallido de la Primera Guerra Mundial, que ocurrió por esos mismos días, quitó buena parte del protagonismo a la ceremonia, pero la obra ya estaba hecha. Desde entonces, la vía cambió el comercio mundial: los barcos dejaron de rodear Sudamérica y el viaje entre las costas de América se acortó de forma notable.

La administración del Canal se organizó desde un edificio en Balboa Heights, del que se habla en el artículo sobre el Edificio de la Administración. Con el tiempo, el control de la vía pasó a manos de Panamá, un proceso que culminó el 31 de diciembre de 1999.

Lo que dejó la obra

La construcción del Canal entre 1904 y 1914 fue una de las empresas de ingeniería más grandes de su época. Dejó una vía que sigue funcionando más de un siglo después, una ciudad moldeada por la Zona del Canal y una memoria colectiva que combina orgullo y dolor. Para entender el país de hoy, hace falta conocer ese capítulo, y el resumen más amplio está en la historia del Canal de Panamá.

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