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Calado máximo de los buques en el Canal de Panamá

hace 6 minutos · Actualizado hace 6 minutos

Panorámica del lago Gatún con sus islas y colinas cubiertas de selva

Cuando un buque se acerca al Canal de Panamá, lo primero que se pregunta es si cabe. Hay tres medidas que lo deciden: cuánto mide de largo, cuánto de ancho y cuánto se hunde en el agua. Esta última, el calado, es la más caprichosa de las tres, porque no depende solo del diseño del barco sino también del agua que haya en el Canal ese día.

Panorámica del lago Gatún con sus islas y colinas cubiertas de selva
Foto: Dr. Thomas Liptak, CC BY-SA 4.0 (Wikimedia Commons)
Índice

Qué es el calado y por qué importa

El calado es la distancia vertical entre la línea de flotación y la parte más baja de la quilla. Un granelero vacío flota alto y tiene poco calado; el mismo barco, cargado de grano o de mineral, se hunde mucho más. En un canal con fondo fijo, ese número define si el casco pasa con holgura o corre el riesgo de rozar.

En Panamá el calado se mide en agua dulce tropical, y no en agua de mar, porque la mayor parte de la ruta transcurre por el lago Gatún y los lagos de las esclusas. El agua dulce es menos densa que la salada: un barco se hunde un poco más en ella. Por eso la vía trabaja con un valor propio, que los armadores conocen bien y que se convierte a las condiciones del puerto de origen al planificar la carga.

Las cifras que se manejan

Las esclusas originales, que abrieron en 1914, admiten buques de hasta unos 294 metros de eslora y 32 metros de manga, con un calado máximo habitual de alrededor de 12 metros (39,5 pies). Esas dimensiones dieron nombre a los buques tipo Panamax, diseñados para ajustarse como un guante a las cámaras.

Las esclusas ampliadas, inauguradas en 2016, cambiaron la escala. Los Neopanamax pueden medir hasta unos 366 metros de largo y 51 de ancho, con un calado de aproximadamente 15 metros (50 pies). En la práctica es el rango que permitió recibir portacontenedores y gaseros mucho mayores. Se puede ver más sobre ese tipo de embarcación en el artículo sobre el buque Neopanamax, y sobre la obra que lo hizo posible en la guía del Canal ampliado.

Un granelero y un remolcador entrando en una cámara de esclusa
Foto: David Brossard, CC BY-SA 2.0 (Wikimedia Commons)

Un límite que se mueve

Aquí está la parte que sorprende a quien conoce otros canales. El calado máximo no es una cifra que se fija una vez y se olvida. Depende del nivel del lago Gatún, que es la reserva de agua que alimenta las esclusas y que a su vez depende de la lluvia. En épocas de lluvia abundante el lago llega a su nivel alto y se pueden aceptar los calados más grandes; en épocas secas la autoridad del Canal puede anunciar límites menores para proteger el suministro y evitar que los barcos toquen fondo.

Esos ajustes se publican en avisos a la navegación, y los operadores los siguen de cerca porque cada decena de centímetros menos significa menos carga por viaje. Por eso, cuando se habla del calado máximo conviene usar la palabra “autorizado” y revisar la cifra vigente en el momento de planificar.

Otros límites que acompañan al calado

El calado no viaja solo. Hay también un límite de altura sobre el agua, que se llama calado aéreo y que importa por los puentes que cruzan la vía: el puente de las Américas, el Centenario y el del Atlántico. Un barco con grúas altas o con contenedores muy apilados debe cumplir con esa altura para pasar por debajo. También hay que considerar el largo total, la forma de la proa y de la popa, y el tipo de carga, porque ciertos productos requieren permisos adicionales.

Cada buque, además, debe reservar su turno y pagar el peaje correspondiente, que se calcula según el tipo de barco y su capacidad. Todo el tráfico se ordena a través del sistema de gestión de tráfico marítimo, que coordina los tránsitos para que las cámaras se llenen y se vacíen en el orden correcto.

Aguas del lago Gatún, parte de la ruta de navegación del Canal
Foto: Dr. Thomas Liptak, CC BY-SA 4.0 (Wikimedia Commons)

Cómo lo vive un capitán

Para un capitán, el calado es un dato que se revisa mucho antes de zarpar. Se calcula con la carga prevista, el combustible a bordo y el agua de lastre, y se compara con el límite que haya publicado el Canal. Si el buque es grande, se suele llevar un margen de seguridad para absorber imprevistos, como un cambio brusco en la densidad del agua o un oleaje que haga cabecear la nave.

Una vez en el Canal, un práctico de la autoridad sube a bordo y se encarga de la maniobra. Ese profesional conoce las curvas del corte Culebra, los puntos de menor profundidad y la forma en que se comportan las corrientes. Su papel es tan importante como el de los remolcadores, y la combinación de ambos permite que barcos de cientos de metros pasen con un par de metros de margen a cada lado de las cámaras.

Por qué el agua manda sobre el acero

A diferencia de un canal a nivel del mar, el de Panamá funciona con agua que se gasta. Cada vez que un barco sube o baja por las esclusas, millones de litros pasan de una cámara a otra y parte de ellos termina en el mar. Ese volumen se repone con la lluvia que cae sobre la cuenca, de modo que el calado máximo es, en el fondo, una decisión sobre cómo repartir un recurso limitado entre muchos barcos.

Las esclusas ampliadas incorporaron tinas de reutilización que recuperan buena parte del agua en cada maniobra, y eso ayuda a que el sistema sea más resistente en las épocas difíciles. Aun así, el principio no cambia: más calado significa más carga, pero también más agua en el lago y menos margen de seguridad. Por eso la autoridad prefiere ajustar las cifras con anticipación y avisar a los navieros, en lugar de enfrentar un problema a mitad de la temporada seca.

Para los puertos y las líneas que dependen de esta ruta, ese ajuste tiene consecuencias comerciales concretas. Un barco que no puede cargar al máximo debe elegir entre llevar menos mercancía, aligerarse en otro puerto antes de entrar o buscar otro camino. De ahí que cada anuncio de la autoridad se siga con tanta atención en el sector.

Lo que hay que recordar

El Canal de Panamá acepta barcos de una medida que depende de dos cosas: el diseño de las esclusas y el agua que haya en el lago. Las cifras de referencia sirven para entender la escala, pero el número que cuenta es siempre el vigente. Quien siga el tema, ya sea por curiosidad o porque trabaja en transporte marítimo, haría bien en consultar los avisos oficiales de la Autoridad del Canal antes de dar por buena cualquier cifra.

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