Fósiles hallados en el Canal de Panamá
hace 1 hora · Actualizado hace 2 días

Cuando se excavó el Canal de Panamá, los ingenieros buscaban un paso entre dos océanos, no fósiles. Sin embargo, al abrir la trinchera más profunda de la ruta, la tierra devolvió restos de animales y plantas de hace millones de años. Aquella herida en la montaña se convirtió con el tiempo en una de las ventanas más ricas para entender cómo fue el istmo antes de que existiera el país.

Una zanja que cortó el pasado
El corte Culebra, hoy llamado corte Gaillard, atravesó la parte más elevada del istmo. Para abrirlo se removieron enormes volúmenes de roca y arcilla, y esa excavación expuso capas geológicas que normalmente están ocultas bajo la selva. Quien mira las paredes del corte ve franjas de colores y texturas que corresponden a distintos momentos de la historia del planeta: antiguos lechos marinos, ceniza volcánica, ríos que arrastraban sedimentos.
La obra se hizo a comienzos del siglo XX con palas de vapor, dinamita y miles de trabajadores, y más de un siglo después sigue trabajándose en sus márgenes. Cada vez que se amplía o se estabiliza el corte, aparecen nuevas capas, y con ellas la posibilidad de hallar restos que llevan millones de años esperando. Esa es la razón por la que el corte es hoy uno de los puntos de referencia de la paleontología de América Central.
Qué se ha encontrado
Los hallazgos son variados. Se han recuperado conchas y restos de organismos marinos que recuerdan que, en otro tiempo, donde hoy hay montaña hubo mar; troncos y hojas fósilizadas que hablan de bosques antiguos; y huesos de mamíferos terrestres que vivieron cuando el istmo empezaba a emerger. Cada uno aporta una pieza de un rompecabezas enorme sobre el clima, la vegetación y los animales de la región.
Para los científicos, lo importante es el contexto: saber en qué capa se halló cada fósil permite fecharlo y compararlo con otros. Por eso las expediciones trabajan con mucho cuidado, documentando la ubicación exacta de cada resto antes de moverlo.

El mono de hace unos veinte millones de años
Entre los descubrimientos más comentados está el de un pequeño primate, bautizado como Panamacebus transitus, hallado en rocas del corte. Según los estudios publicados, vivió hace unos veinte millones de años y es uno de los monos más antiguos conocidos en Centroamérica. Su nombre alude a que parece haber llegado al norte desde Sudamérica en una época en que los dos continentes todavía no estaban conectados por tierra firme.
Ese hallazgo importa porque ayuda a responder una pregunta antigua: cuándo y cómo los animales empezaron a cruzar entre las dos Américas. La formación final del istmo, que ocurrió millones de años después, cambió las corrientes marinas, el clima del planeta y la fauna de ambos continentes, y cada fósil nuevo ayuda a precisar el calendario.

Quienes lo estudian
El trabajo en el corte se ha desarrollado durante años con la participación de instituciones panameñas e internacionales. El Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, con sede en la ciudad de Panamá, ha sido uno de los más activos, y sus investigadores han trabajado junto a universidades de distintos países. Una parte de lo recogido se conserva en colecciones científicas y se usa para enseñar a nuevas generaciones de estudiantes.


El Smithsonian mantiene además una estación en la isla Barro Colorado, en el lago Gatún, que desde hace décadas estudia la vida del trópico. Aunque su trabajo no se centra solo en fósiles, forma parte del mismo esfuerzo por entender la historia natural del istmo. El lago, nacido de la obra del Canal, dejó aislada una colina que hoy es una de las reservas más estudiadas del mundo, y ese hecho histórico está ligado al lago Gatún.
Cómo se lee una capa de roca
Para quien no es especialista, mirar una pared de roca puede parecer poco emocionante, pero los geólogos leen esas capas casi como si fueran páginas. Las más antiguas están abajo y las más recientes arriba, y cada una guarda pistas sobre el ambiente en que se formó. Una capa de arenisca habla de un río o de una playa; una de arcilla fina sugiere aguas tranquilas; una de ceniza revela que hubo actividad volcánica cerca.
En el corte Gaillard esas capas se inclinan y se doblan, un recuerdo de que el istmo es una región activa, donde las placas de la corteza terrestre se encuentran y se deforman. Comprender esa dinámica es también útil para la ingeniería, porque algunas de esas capas son inestables y han provocado deslizamientos que obligaron a los constructores a ensanchar el corte una y otra vez.
El equilibrio entre ciencia y obra es, por tanto, delicado: la misma pared que contiene los fósiles necesita mantenerse estable para que los barcos sigan pasando. Los equipos de ingenieros y científicos trabajan juntos para registrar lo que aparece antes de que se cubra o se modifique, y así cada obra de mantenimiento se convierte también en una oportunidad de estudio.
Un museo al aire libre
A diferencia de otros yacimientos, el corte Gaillard no es un parque ni un museo, sino una vía de navegación en funcionamiento. No se puede entrar libremente a excavar ni a recoger piezas, y cualquier hallazgo debe comunicarse a las autoridades. Eso protege tanto la seguridad de las personas como el valor científico de los restos. Quien quiera acercarse al tema puede conocer la historia de la obra en el centro de visitantes de las esclusas de Miraflores, o ver el corte desde el agua en un tránsito parcial.
Ver el corte desde un barco, por ejemplo durante un tránsito parcial, ofrece una buena perspectiva de las paredes de roca. Con un poco de imaginación, es posible distinguir las capas inclinadas que, para los científicos, funcionan como páginas de un libro.
Por qué sigue siendo importante
Los fósiles del Canal recuerdan que esta obra de ingeniería se construyó sobre una historia mucho más antigua. Para entender de dónde viene el istmo, cómo se formó y qué animales lo recorrieron, la vía es tan valiosa para la ciencia como para el comercio. Y para quien se interesa por la historia de la construcción, puede combinarlo con la historia del Canal de Panamá, donde se cuenta cómo se excavó el corte que dejó al descubierto estas capas.
Cada temporada de estudio suma datos, y es probable que en los próximos años aparezcan nuevos restos que corrijan o confirmen lo que hoy se sabe. Esa capacidad de seguir sorprendiendo es parte del atractivo de un lugar que, a simple vista, solo parece un paso para barcos.
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